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El incendio de la Mansión Danté
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El incendio de la Mansión Danté

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Desde que el coronel Roberto Díaz Herrera efectuó sus famosas confesiones del 6 de junio de 1987, varios lugares de la Ciudad de Panamá se volvieron de la noche a la mañana en centros de reunión para protestar en contra del régimen militar de las Fuerzas de Defensa. Uno de esos era la popular Mansión Danté, propiedad de Roberto Eisenmann Jr., muy conocido por ser un fuerte opositor a la dictadura del general Manuel Antonio Noriega.

Ubicada en la esquina de Calle 50 y la Avenida José de la Cruz Herrera, La Mansión Danté se convirtió rápidamente en un bastión de las manifestaciones de la Cruzada Civilista. Cada día era habitual escuchar el sonar de las bocinas de los autos que transitaban por el área, el agitar de pañuelos blancos y el golpeteo de cacerolas, métodos de protestas pacíficos empleados por la mayoría de los manifestantes.

El día del incendio

Poco antes del mediodía del 2 de julio de 1987, el gerente general de Danté, David Eisenmann (hermano de Roberto), recibe una llamada telefónica de parte de miembros del PRD (Partido Revolucionario Democrático), en donde amenazaron con destruir las instalaciones. No obstante, pensó que no sucedería nada ya que los Doberman (unidades antimotines de las Fuerzas de Defensa) se encontraban apostados en los alrededores del lugar.

A los pocos minutos, varios buses y carros particulares arribaron a una de las calles contiguas del almacén, los cuales transportaban unos cincuenta sujetos vestidos de civil y armados con varillas, armas de fuego y cocteles molotov, además de tener los rostros cubiertos con pañuelos.

Algunos de los asaltantes procedieron a incendiar los automóviles estacionados enfrente del edificio, a la vez que otro grupo penetró por la fuerza por una de las entradas del local para arrojar bombas molotov y efectuar disparos adentro.

Lo más sorprendente es que la policía antimotín, siguiendo órdenes superiores, no intervino en ningún momento para evitar el ataque, limitándose a ver a la distancia.

En lo que el ataque acontecía, los empleados y clientes que estaban dentro del almacén lograron escapar por otra entrada, evitando así que terminaran heridos o muertos. Mariela Díaz de Delvalle, esposa del presidente de la república, Eric Arturo Delvalle, se presentó asustada a la Mansión Danté y mostró su preocupación por algunos familiares que trabajaban en el lugar. Pasado unos minutos, el mismo presidente Delvalle se apareció con sus escoltas y la retiró de la escena.

Luego de casi una hora de duración del asalto, el grupo armado abandona el sitio y es cuando el fuego toma cuerpo. Los Doberman deciden actuar reprimiendo a los manifestantes que estuvieran agitando pañuelos blancos en Calle 50. Los bomberos llegaron a apagar el incendio, el cual dejó pérdidas cuantiosas al negocio.

Al momento del ataque, Roberto Eisenmann Jr. se hallaba exiliado en Miami, Estados Unidos, cuando fue notificado vía telefónica de lo que ocurría. Se vio obligado a tomar de inmediato un vuelo hacia Panamá.

Al día siguiente, el 3 de julio, amigos y empleados de la familia Eisenmann participaron de las labores de limpieza, mientras hacían un inventario de los daños del día anterior. Algunos clubes cívicos también colaboraron con esta tarea.

¿Qué sucedió más adelante?

La opinión pública rechazó al unísono el suceso y esto llevó a fortalecer más a la Cruzada Civilista. La razón de porqué se dio este ataque fue más bien una medida de intimidación de parte del general Noriega, buscando enviar un mensaje a quienes se atrevieran a ir en su contra. Posteriormente, La Mansión Danté volvió a abrir sus puertas al público.

A inicios de la década de 2000, al no ser un negocio tan rentable como lo fue en el pasado, el edificio fue vendido en 2008 y demolido en 2013. Como dato curioso, el señor Eisenmann adquirió el inmueble en 1971 y después contrato a una firma de arquitectos para hacerle unas mejoras que permitieran transformar el local en una tienda a inicios de la década de 1980.

Video de lo sucedido aquel día

  • Carlos Him González

    Igual que en la Venezuela de hoy, los Esbirros de las Dictaduras Latinoamericanas piensan que a Sangre y Fuego, pueden acallar la Lucha de los Pueblos por su Libertad.
    Triste que los que apoyaron todos estos desmanes en Panamà, hoy se pavonean como polìticos impolutos. El Pueblo No Olvida! La Historia Juzga Inexorablemente!