El 1 de septiembre de 1939 marcó el inicio de la Segunda Guerra Mundial, un conflicto que rápidamente trascendió las fronteras europeas para convertirse en una conflagración global. La lucha por la supremacía no se limitó a los frentes terrestres, sino que se libró crucialmente en las rutas marítimas que sostenían la logística de los países aliados.
Para Estados Unidos y Gran Bretaña, la capacidad de movilizar hombres, armamento y material bélico de un océano a otro de manera eficiente era esencial para la supervivencia y, en última instancia, para la victoria contra las potencias del eje conformadas por Alemania, Italia y Japón.
Panamá, aunque pequeña en territorio, ocupó una posición estratégica fundamental para la defensa del continente americano, algo que resultó determinante. Desde su apertura en 1914, la vía interoceánica demostró ser una arteria vital para la economía global.
Con la inminencia del conflicto mundial en Europa en 1939, el Canal de Panamá intensificó su rol estratégico militar que había mantenido desde su inauguración. De igual modo, su defensa era una prioridad máxima en Washington, pues un ataque de las potencias del eje contra la vía habría prolongado la guerra o, peor aún, comprometido seriamente la capacidad aliada de combatir en múltiples frentes.
Antes del estallido de la guerra, se produjo un cambio significativo en las relaciones bilaterales que sentó las bases para la cooperación militar entre Panamá y Estados Unidos. La firma del Tratado Arias-Roosevelt el 2 de marzo de 1936, nombrado así por el presidente panameño Harmodio Arias Madrid y el estadounidense Franklin Delano Roosevelt.
Este acuerdo anuló el derecho de intervención militar unilateral de Estados Unidos en asuntos internos panameños, algo que fue una fuente constante de fricción desde el Tratado Hay-Bunau-Varilla de 1903. Adicionalmente, el tratado garantizó la defensa compartida del canal y acordó el libre acceso de productos panameños a la zona canalera. La disposición estadounidense de renunciar a la intervención y aumentar la anualidad del canal a 430 mil dólares, cifra ajustada por la devaluación del dólar tras la gran depresión de 1929, fue una decisión pragmática.
Washington comprendió que asegurar la cooperación voluntaria de Panamá para el uso militar ampliado de su territorio era más valioso que mantener un derecho de intervención militar percibido como impopular. El tratado estableció la consulta mutua obligatoria sobre medidas defensivas, mecanismo que sería invocado al poco tiempo del estallido del conflicto.
Once días después de la invasión nazi a Polonia en septiembre de 1939, Panamá emitió el decreto 132 declarando formalmente su neutralidad en la guerra. Sin embargo, la realidad estratégica del canal exigía preparativos inmediatos. La necesidad de proteger la vía interoceánica se acentuó de forma dramática, priorizando la defensa aérea.
Las fuerzas estadounidenses reforzaron aceleradamente la zona del canal, que hasta 1939 contaba con equipo de aviación militar obsoleto e inadecuado para su protección efectiva. Se enviaron refuerzos militares desde Estados Unidos para mejorar las defensas costeras, incluyendo la instalación de reflectores antiaéreos y de armamento pesado como los cañones Mark II de 16 pulgadas.
Cañón instalado en la entrada del Canal de Panamá
A pesar de la declaración inicial de neutralidad panameña, la colaboración y los preparativos militares entre ambos países avanzaron con fluidez por más de un año, acelerándose drásticamente en junio de 1940, cuando Francia cayó ante la Alemania nazi y Gran Bretaña quedó como último bastión aliado en Europa.
La colaboración militar se detuvo abruptamente con la asunción del presidente Arnulfo Arias Madrid en octubre de 1940. Arias, conocido por su fuerte nacionalismo y sus simpatías abiertas por el fascismo, se opuso firmemente a la exigencia clave de Estados Unidos de obtención de sitios de defensa militar fuera de la zona del canal. Dichas peticiones incluían la concesión de tierras para pistas de aterrizaje, carreteras, baterías antiaéreas y estaciones de advertencia.
Arias, aprovechando su posición de mandatario, demandó a cambio compensaciones significativas, incluyendo dinero en efectivo y la transferencia de varias propiedades del ferrocarril de Panamá, localizadas en las ciudades de Panamá y Colón, valoradas en aproximadamente 12 millones de dólares.
La tensión política alcanzó su punto de ruptura el 9 de octubre de 1941, cuando Arnulfo Arias, durante una visita privada a Cuba, fue destituido de su cargo por la Asamblea Nacional, quien seguía directrices de los Estados Unidos. Terminó siendo reemplazado por Ricardo Adolfo de la Guardia y el resultado inmediato de este cambio de poder fue una total realineación con Estados Unidos. Actuando bajo el peso de los intereses estratégicos estadounidenses, de la Guardia procedió a seguir las negociaciones de los sitios de defensa requeridos en el Istmo.
El ataque japonés a Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941 precipitó una respuesta decisiva y rápida por parte de Panamá, quien declaró la guerra a Japón el mismo día del ataque, adelantándose así a la declaración de guerra formal de Estados Unidos, que se produjo al día siguiente. Acto seguido, siguiendo la declaración de guerra de Alemania a Estados Unidos el 11 de diciembre, Panamá se unió a los aliados y declaró la guerra a Alemania e Italia el 13 de diciembre.
Portada de La Estrella de Panamá anunciando el ataque a Pearl Harbor
En lo que hoy es considerado un capítulo oscuro de la colaboración bélica, Panamá puso en marcha una estrecha participación con Estados Unidos en la identificación, detención y deportación de residentes panameños de origen japonés, alemán e italiano en territorio panameño.
Se implementó un sistema de clasificación basado en criterios de confiabilidad. Por ejemplo, los ciudadanos italianos que no superaban esta evaluación eran recluidos en un centro de detención establecido en la isla de Taboga, mientras que los alemanes y japoneses eran deportados a diferentes campos de internamientos situados en territorio estadounidense.
El embajador norteamericano solicitó a su contraparte panameña que los detenidos fueran enviados a Estados Unidos, argumentando las dificultades logísticas de albergarlos y alimentarlos en Panamá. Como parte de esta operación, se instaló un campo de detención temporal en Balboa, dentro de la zona del canal, que funcionó como punto de concentración desde donde los detenidos de las tres nacionalidades del eje eran trasladados en barcos hacia los campos de internamientos norteamericanos. Este proceso estuvo marcado por la injusticia y el prejuicio racial.
Un análisis realizado por el Departamento de Justicia de Estados Unidos años después, concluyó que la selección y deportación de extranjeros, sobre todo de japoneses, se realizó sin evaluar si cada una de estas personas representaba realmente una amenaza o guardaba lealtad a los países del eje.
Ciudadanos japoneses siendo trasladados al campo de detención en Balboa
Mientras se ejecutaban estas controvertidas medidas, la guerra se extendió más allá de los campos de batalla europeos y las islas del Pacífico. Las aguas que rodeaban el Canal de Panamá se convirtieron en un escenario de combate real, formando parte de lo que se conoció como la Batalla del Caribe, un capítulo crítico de la más amplia Batalla del Atlántico.
Los temidos submarinos alemanes, los U-Boats, patrullaban constantemente el Mar Caribe y el Golfo de México. Su misión era clara: atacar los petroleros que transportaban crudo desde las refinerías de Venezuela, hundir buques mercantes y transporte de tropas con el objetivo de estrangular las rutas de suministro que mantenían viva la maquinaria de guerra aliada. Los ataques de los U-Boats resultaron en la pérdida de cerca de 400 barcos comerciales en la zona de guerra caribeña y 56 más fueron seriamente averiados.
Panamá, como estado beligerante, también sufrió pérdidas. Buques de bandera panameña, como el carguero Friar Rock y el carguero Chepo, fueron hundidos por submarinos germanos en enero de 1942 en las aguas del Atlántico Norte. Para combatir esta amenaza, las fuerzas aéreas del ejército estadounidense, acantonadas en Panamá, intensificaron los vuelos de rastreo antisubmarino utilizando equipos mejorados como los aviones B-24 equipados con radares.
Ante semejante clima de alerta permanente, se implementaron medidas estrictas a lo largo y ancho del Istmo. Se impusieron apagones obligatorios tanto en la zona del canal como en la ciudad de Panamá a fin de evitar que cualquier resplandor del istmo guiara miradas enemigas desde el mar o el aire. Por ende, se volvió costumbre cada noche ver las ventanas de las casas y edificios tapadas con telas oscuras y las calles en penumbra, creando un paisaje urbano tenebroso que servía de recordatorio a los panameños que la guerra, aunque distante, era muy real.
Taxi con los faros de luces oscuros
Asimismo, se instauró la censura de comunicaciones por radio y cable y se intensificó la vigilancia sobre cualquier elemento que pudiera constituir un riesgo contra los intereses comunes. Con la guerra en todo su apogeo y la amenaza enemiga acechando las aguas del Caribe, representantes panameños y estadounidenses se reunieron el 18 de mayo de 1942 para firmar el Acuerdo de Sitios de Defensa también conocido como el Convenio Fábrega-Wilson. Con este acuerdo, Panamá otorgó el uso temporal de un total de 134 sitios fuera de la zona del canal para fines defensivos, incluyendo campos de aterrizaje, carreteras, estaciones de radar y baterías antiaéreas.
Lugares estratégicos como Río Hato, Taboga y la isla de San José se convirtieron en bases cruciales para el patrullaje. Adicional a esto, el gobierno panameño autorizó a las fuerzas estadounidenses a controlar el acceso a estas zonas, permitiéndoles cerrar caminos secundarios cuando la seguridad de las operaciones militares lo requiriera. Más allá de los submarinos, existía otra amenaza que mantenía en vilo a los estrategas militares: el sabotaje directo contra la infraestructura canalera.
Esta preocupación no era producto de la paranoia, sino que se basaba en planes de sabotaje reales diseñados por las potencias del eje. El más elaborado fue la Operación Pelikan, también conocida como Proyecto 14, un audaz plan alemán concebido en 1943. El plan consistía en transportar dos bombarderos Stuka desmantelados a bordo de submarinos hasta una isla colombiana cercana a la costa panameña.
Allí serían reensamblados, armados con bombas especiales y enviados a atacar la represa del lago Gatún, cuya destrucción habría causado un daño operativo mucho más grave y duradero que la simple destrucción de una esclusa. Aunque la Operación Pelikan fue abortada en el último minuto por razones desconocidas, su mera existencia justificó la masiva expansión de las defensas aéreas y terrestres estadounidenses en Panamá.
En el plano económico, la Segunda Guerra Mundial tuvo un impacto monumental en el país. La enorme inversión en infraestructura militar y el aumento de la producción nacional generaron un auge de prosperidad notable. Miles de trabajadores, tanto locales como norteamericanos, contratados en el canal y en las instalaciones defensivas, comenzaron a percibir salarios superiores, dinero que circulaba rápidamente por el Istmo. Antes de 1939, había más de 14,000 obreros en el canal.
Para 1942, ese número aumentó a más de 37,000. Sectores como el licor, el azúcar, los productos lácteos y la ganadería casi duplicaron su producción entre 1939 y 1945. Este periodo de bonanza económica se materializó en proyectos de infraestructura de gran envergadura, como la construcción de la carretera que conecta la ciudad de Panamá con el campo militar de Río Hato, y la vía entre Panamá y Colón, conocida como la Transístmica, arterias que mejoraron la conectividad del istmo.
Sin embargo, la contribución panameña a la guerra no se limitó al ámbito económico o territorial. Numerosos ciudadanos panameños sirvieron directamente en las fuerzas armadas estadounidenses, algunos de ellos destacándose en los frentes de combate. Un ejemplo particular es el de la enfermera Emilia Isabel Pacheco, quien sirvió en el Hospital 48 del Ejército estadounidense en el teatro de operaciones europeo, alcanzando el grado de capitán. Entre 1944 y 1945 atendió heridos de múltiples batallas, labor por la cual regresó a Panamá, condecorada con cuatro estrellas de campaña.
La rendición de Alemania el 8 de mayo de 1945, seguida por la de Japón tres meses después, puso fin al conflicto más devastador que la humanidad ha conocido hasta la fecha. A lo largo y ancho de Panamá, desde las ciudades principales hasta los pueblos más remotos, las campanas de las iglesias repicaron sin cesar, mientras multitudes salían a las calles celebrando el triunfo aliado.
Para entonces, los apagones nocturnos y toques de queda que habían dominado la vida del istmo desde finales de 1941 habían quedado atrás y el país comenzaba a recuperar su ritmo normal antes de 1939.









Saludos desde Puerto Rico!!!Me ha encantado esa imagen en colores del taxi de Panama…ese es un Packard de finales de la decada de 1920, a principios de la decada de 1930-en su momento, fue un auto de lujo, pero evidentemente, para los anos de la Guerra, ya habia quedado relegado a carro de alquiler, de manera parecida a como las limusinas Lincoln se usan como taxis de alquiler hoy dia en ciudades como Nueva York…nada de esto, ni siquiera las cubiertas de oscurecimiento, que en Europa eran un simbolo ominoso de las realidades de los bombardeos, parece importarles a estas lindas muchachas, que parecen estar disfrutando de lo lindo paseando en este viejo “Phaeton”…por su apariencia de edad, deben de ser contemporaneas a una de las hijas de su Gran tierra que vivio en la mia, Dona Sylvia De Grasse…
Cosas de la Vida, entonces ese carro era tan solo un carro viejito-un “fotingo”, como les decimos aca, o como les dicen en Cuba-hoy dia; como Packard que es, seria considerado un auto Clasico de gran valor…Saludos fraternales!!! carlosaneiro@yahoo.com
Esas baterias de canones y morteros son iguales a las de la Fortaleza de Corregidor en las Filipinas-esas piezas son entre las ultimas baterias de artilleria costera de EEUU que todavia existen completas-si bien no intactas-al fin de la IIda Guerra, y tras demostrarse su obsolescencia,practicamente todas las demas baterias de artilleria costera de ese pais fueron desmanteladas y desguazadas para reutilizar sus metales…una pena en verdad, pues si bien eran armas de guerra, tambien eran piezas mecanicas fascinantes, que combinaban el gran tamano con una precision del mas exquisito mecanismo digno de un delicado reloj…preservarlas, hubiera servido como modelo para futuras generaciones sobre como algo tan tosco y rudo, podia a la misma vez tener una precision y delicadeza de movimientos y operacion…aunque bueeeno…quien sabe, si a lo mejor por eso mismo ese tipo de artefactos los han ido desapareciendo-hoy dia nada se fabrica para que dure, todo se rompe rapido-si durara como estas piezas, no estuvieramos todo el tiempo comprando algo para reempla$$$ar lo que se nos rompio, verdad 😉 ? Saludos y un abrazo!!!
Excelente publicación, la imagen a colores del parque de Santa Ana fue tomada a finales de 1945 y apesar que el aporte fue mio por medio de Twitter, no sabia la parte de los faros oscuros, saludos PVE
Pero me pregunto, que participacion activa tuvo Panama Durante la segunda guerra mundial??
panamaviejaescuela.com hace una gran labor por el fortalecimiento de nuestra sana panameñidad puesto que, sin conocer la historia de nuestra nación, no es posible la identidad nacional Gracias!
P.S.: Es una pena que no permitáis copiar los documentos. Podría utilizarlos en mis propios escritos. Respeto rigurosamente los derechos de autor. Saludos, R. Tribaldos.