La que alguna vez fue conocida como la “Gran Guerra” hasta el advenimiento de la Segunda Guerra Mundial en 1939, fue una conflagración de dimensiones dantescas ocurrida en Europa entre julio de 1914 y noviembre de 1918.
Más de 70 millones de seres humanos, de los cuales 60 millones eran europeos, se movilizaron y combatieron en la mayor guerra de la historia hasta ese momento. Aunque la cifra exacta de muertes en la Primera Guerra Mundial sigue siendo un tema de debate, las estimaciones sugieren que alrededor de 40 millones de personas perecieron como consecuencia directa o indirecta del conflicto.
En todo caso, es una cifra de bajas bélicas que nunca se había visto en los anales de la humanidad. Si bien la contienda estalló el 28 de julio de 1914, Panamá no se involucró hasta tres años después, manteniendo una postura de no participación directa.
El Canal de Panamá, inaugurado el 15 de agosto de 1914, obligó a Estados Unidos a considerar su papel en un escenario de guerra. Desde un principio, el gobierno estadounidense lo vio como una herramienta de defensa nacional.
Para mantener la neutralidad del canal, el presidente estadounidense Woodrow Wilson emitió una proclamación en noviembre de 1914 que permitió a los barcos de guerra de los países en conflicto usar el canal, pero con importantes limitaciones. Los buques solo podían permanecer 24 horas en la zona canalera y no podían haber más de seis a la vez, con un máximo de tres por cada bando.
Además, se restringió severamente el suministro de combustible, alimentos y reparaciones a estas embarcaciones. Por último, se prohibió completamente que los aviones de los países beligerantes volaran sobre la zona, aterrizaran o despegaran desde el territorio del canal.
Estados Unidos consideró prioritario obtener el control de las comunicaciones radiales en Panamá a fin de garantizar la seguridad del canal, por lo que a finales de 1914 el presidente panameño Belisario Porras otorgó a Washington autoridad completa sobre todos los sistemas de comunicación inalámbricos en territorio panameño.
En enero de 1915, las fuerzas militares estadounidenses en la zona canalera se unificaron bajo un solo mando, reorganizándose como el Ejército de los Estados Unidos en la Zona del Canal. Esta reorganización respondía a la necesidad de que este ejército pudiera operar de manera autónoma en el escenario de quedar aisladas del Departamento de Guerra localizado en Nueva York, debido a las grandes distancias y los riesgos de interrupciones de comunicación durante el conflicto mundial.
Paralelamente, se implementaron medidas de protección exhaustivas, incluyendo el cierre de los puertos terminales por la noche, el apagado de luces de navegación y el establecimiento de zonas marítimas de defensa con mallas antisubmarinos.
Se instalaron tropas de infantería que custodiaban infraestructuras vitales del canal. La Ley de comercio con el enemigo también fue aplicada, facultando a los Estados Unidos a censurar correos y mensajes, controlar exportaciones y tomar posesión de propiedades de extranjeros de países enemigos.
A pesar de todas estas precauciones, la capacidad defensiva del canal nunca llegó a ponerse a prueba durante la guerra, ya que no hubo peligro de un ataque enemigo ni necesidad de que las flotas aliadas lo utilizaran. La única amenaza real que enfrentó la vía interoceánica fue la posibilidad de acciones de sabotaje por parte de agentes enemigos infiltrados en la región.
El 6 de abril de 1917, Estados Unidos entró al conflicto al declararle la guerra al imperio alemán, tras lo cual Panamá de inmediato rompió relaciones diplomáticas con Berlín. A petición de Washington, el gobierno de Ramón Maximiliano Valdés, quien gobernó Panamá entre octubre de 1916 y junio de 1918, mandó a detener a ciudadanos alemanes entregándolos a las fuerzas militares estadounidenses. En represalia, Alemania capturó a cinco estudiantes panameños y los internó en el campo de prisioneros de guerra de Holzminden. Los nombres de los estudiantes son Alexis Lindo, Santiago Sabló, Luis Salvat, Gilberto Solís y Francisco Villalaz.
En noviembre de 1917, la Asamblea Nacional manifestó la existencia de un estado de beligerancia entre Panamá y Alemania. El 7 de diciembre, Estados Unidos le declaró la guerra al Imperio de Austria-Hungría, el gran aliado del Imperio Alemán, y tres días después, la Asamblea Nacional de Panamá siguió los mismos pasos.
El fin de la Primera Guerra Mundial llegó el lunes 11 de noviembre de 1918, cuando se firmó el armisticio que entró en vigor a las 11 de la mañana, hora de Francia. Apenas se supo la noticia en la Ciudad de Panamá, la estación central del Cuerpo de Bomberos sonó la sirena anunciando el acontecimiento.
De inmediato, las personas se lanzaron a las calles para celebrar el desenlace del conflicto. Los comercios cerraron sus puertas mientras que las iglesias repicaron sus campanas incesantemente. El ambiente festivo y alegre se asemejó en gran manera al de los carnavales, al punto que los establecimientos de diversiones se encontraban repletos.
Los bomberos organizaron un suntuoso desfile que fue encabezado por su banda de música. Del cuartel central se dirigieron a la Plaza de la Catedral para después recorrer las principales avenidas, rindiendo tributo a las distintas representaciones diplomáticas de los países aliados instaladas en Panamá.
La Avenida Central, al ser la arteria vial más importante de la época, se volvió el punto de encuentro de la muchedumbre. Los pocos dueños de automóviles de ese entonces decoraron sus vehículos con los colores de los países vencedores. Se dieron gusto manejando por la mencionada avenida cantando y bailando, al mismo tiempo que arrojaban serpentinas y confetis.
La colonia francesa establecida en Panamá marchó contenta a lo largo de la Avenida Central hasta la Catedral, de donde se trasladaron a la legación inglesa para entonar el himno de aquella nación y saludar al embajador británico en Panamá, Claude Mallet. Luego de hacer lo mismo en la legación francesa, estadounidense e italiana, la marcha prosiguió hasta el Palacio Presidencial donde estaba el presidente Belisario Porras presenciando el desfile.
La siguiente imagen muestra un letrero colocado al frente de la presidencia rindiendo homenaje al presidente Porras, al mandatario Woodrow Wilson y a William Price, ministro norteamericano en Panamá.

A pesar que el 11 de noviembre de 1918 se firmó el alto al fuego que puso fin a la guerra, aún no se había firmado oficialmente la paz. Tras meses de complejas negociaciones en la Conferencia de Paz de París, los aliados firmaron el Tratado de Versalles el 28 de junio de 1919, poniendo fin oficial a la guerra. Como estado beligerante en la Primera Guerra Mundial, Panamá participó en la Conferencia de París de 1919, teniendo por representante al ministro de Panamá en España, Antonio Burgos.

Sin embargo, el Tratado de Versalles fue motivo de profundo resentimiento dentro de la población alemana debido a sus duras condiciones. El tratado obligó a Alemania a aceptar la culpabilidad total del conflicto, a ceder territorios significativos y a pagar enormes reparaciones de guerra que arruinaron su economía. Sembró la semilla para que 20 años después Alemania, esta vez dominada por los nazis, arrastrara nuevamente al mundo a otra guerra mundial, mucho más devastadora y sangrienta que la primera.









Nací exactamente a medianos del siglo xx. Pude observar la influencia de los norteamericanos en Pmá desde mis 7 años. Viví hasta los 22 años en el Edificio Gelabert ubicado en Calle Jerónimo de la Ossa con Calle Estudiante final. Frente al edificio quedaba la Good Year. Estábamos a una cuadra de la Avenida 4 Julio, hoy llamada Ave. de los Mártires. En el edificio de apartamentos vivían alquilados varias familias de militares norteamericanos activos casados con panameñas. Los jóvenes amigos con mayoría de edad (21) que era en ese entonces y mayores que yo buscaban siempre comprar autos usados a los gringos para su uso y luego venderlos para adquirir otros y así sucesivamente. De alguna manera u otra siempre lograba entrar a sitios limitados con amigos hijos de norteamericanos nacidos en Panamá o sea Zona del Canal. Otra anécdota es que al tener el Hospital Gorgas tan cerca de la casa, íbamos constantemente a la cafetería del hospital a comprar helados en pintas y dulces para traerlos a casa. Introducirte a esas áreas de Cerro Ancón era prohibido y podías ser detenido por la policía Zoneíta, lo sabíamos pero la adrenalina era emocionante. También era buen lugar para buscar mangos y diversos frutos que se daban en el área.
Nunca fuimos detenidos pero perseguidos si 🤣😂.
Saludos