Manuel Antonio Noriega fue un militar panameño que ocupó el cargo de jefe de la Guardia Nacional y, más tarde, se convirtió en el líder de facto de Panamá. Conocido por sus detractores como “cara de piña”, debido a las cicatrices que le dejó el acné durante la adolescencia, su régimen mantuvo a Panamá en un estado de represión y corrupción durante gran parte de la década de 1980.
Figura central de una época convulsa, su vida estuvo marcada por la polémica y la confrontación. Sus acciones, tanto las que lo elevaron al poder como las que precipitaron su caída, dejaron una huella indeleble en la memoria panameña.
Manuel Antonio Noriega Moreno nació el 11 de febrero de 1934 en Panamá. Fue fruto de la relación extramarital entre Tomás Noriega y la darienita Josefa Moreno, oriunda del poblado de Yaviza.
El pequeño Manuel Antonio perdió a su madre a los seis años de edad, víctima de tuberculosis. El cuidado del niño recayó sobre Luisa Sánchez, quien era su madrina, y que desde entonces llamaría “mamá Luisa”.
Noriega nació y creció en las cercanías del antiguo mercado público de la ciudad de Panamá. Su padre Tomás estaba casado con Lavinia Hurtado, con quien tuvo dos hijos: Tomás y Luis Carlos. Este último se enteró de que tenía un medio hermano, lo que despertó una peculiar curiosidad en conocer a Manuel Antonio.
El encuentro se dio cuando Manuel visitó la casa de su padre y allí pudo conocer a la esposa de este y a sus medio hermanos. Fue con Luis Carlos con quien Manuel forjó un vínculo especial que perduraría en los años venideros.
Noriega solía visitar con frecuencia el hogar de su padre, aunque continuaba residiendo con mamá Luisa. Con todo y las limitaciones económicas que enfrentaba, logró completar la educación primaria e ingresó al Instituto Nacional, donde su hermano Luis Carlos se destacó como líder estudiantil del Partido Socialista. Manuel fue reclutado como un integrante más del partido, participando en protestas y escribiendo artículos criticando la presencia estadounidense en Panamá.
Se dice que en esos años comenzó su asociación con los servicios de inteligencia de Estados Unidos, proporcionando información sobre las actividades de sus camaradas.
En 1952, Manuel Antonio se graduó de la escuela secundaria. Por aquel entonces, prefería que lo llamaran ‘Tony’, un apodo reservado para sus amigos más cercanos
Poco después de terminar la secundaria, su futuro era bastante incierto. En una época donde estudiar medicina era una carrera sumamente costosa, casi elitista, sus posibilidades de ser médico eran muy escasas. A Manuel Antonio Noriega no le quedó de otra que conformarse como ayudante de laboratorista en el Hospital Santo Tomás.
La imposibilidad de acceder a los recursos necesarios para estudiar medicina le produjo una profunda frustración, pero su ambición lo impulsó a buscar otras oportunidades. Un encuentro fortuito con un amigo lo llevó a elegir un camino tomado por muchos dictadores: la carrera militar.
En 1958, cuando Manuel Antonio tenía 24 años, ganó una beca para estudiar en la Escuela Militar de Chorrillos en Lima, Perú. Sin embargo, el límite de edad para aplicar a la beca era de 20 años. No obstante, logró obtenerla con la ayuda de su medio hermano Luis Carlos, quien trabajaba en la embajada panameña en Perú. Luis Carlos ayudó a alterar el certificado de nacimiento de Manuel Antonio para que pareciera que cumplía con el requisito de edad.
Durante su estancia en Perú conoció al compatriota Roberto Díaz Herrera, estudiante de la Academia de Policía del Perú, quien se convertiría en un aliado cercano y luego en su mayor opositor.
Noriega egresó de la Escuela Militar de Chorrillos en 1962, obteniendo una especialización en ingeniería. Logró ingresar a la Guardia Nacional designado como segundo teniente.
Al poco tiempo, fue destinado al Cuartel de Colón, donde coincidió con el mayor Omar Torrijos Herrera, quien pasó a ser su superior inmediato. Este encuentro resultó crucial en la vida de los dos, ya que, a pesar de sus diferentes personalidades, las ambiciones políticas y personales de ambos los llevarían a una colaboración estrecha que definiría el curso de la política panameña durante décadas.
Torrijos, con más edad y experiencia, asumió el rol de protector y mentor de Noriega, quien se destacó por su capacidad táctica y su naturaleza calculadora. De inmediato, Noriega pasó a ser la mano derecha de Torrijos, ayudándole a definir estrategias y objetivos.
Los problemas de Manuel Antonio Noriega relacionados con su abuso del alcohol empezaron a ser evidentes. En un incidente de 1962, Omar Torrijos intervino para ayudar a Noriega a eludir consecuencias legales tras ser acusado por una prostituta de agredirla y abusar de ella.
La combinación de alcohol y conducta violenta de Noriega obligaron a Torrijos a confinarlo en su cuartel durante un tiempo. Con todo y estos inconvenientes, Torrijos optó por mantener su vínculo con Noriega, asegurándose de que continuaran trabajando juntos en el mismo mando.
Posteriormente, cuando Torrijos fue asignado al destacamento de Chiriquí, llevó consigo a Noriega, quien asumió el control del departamento de tránsito en esa región.
En 1966, Noriega pasó varios meses estudiando en la Escuela de las Américas, ubicada en Fuerte Gulick, dentro de la zona del canal, bajo dominio estadounidense. Se dice que Torrijos lo envió allí para “encarrilarlo” y que cumpliera con sus expectativas.
A pesar de su bajo rendimiento académico, en ese mismo año fue ascendido a teniente primero y Torrijos lo colocó como oficial de inteligencia en la Zona Norte de la Guardia Nacional.
Noriega tenía la misión de infiltrarse y desestabilizar los sindicatos que se habían formado entre los trabajadores de la United Fruit Company, una tarea para la que demostró una gran habilidad. Su superior inmediato, Boris Martínez, un férreo anticomunista, le impuso una disciplina rigurosa.
Fue allá en Chiriquí donde conoció a Felicidad Sieiro, con quien contrajo nupcias a finales de la década de 1960. La pareja tuvo tres hijas: Lorena, Sandra y Thays. Al casarse, Felicidad era maestra, y su familia se opuso al matrimonio. La infidelidad constante de Noriega provocó que ella deseara el divorcio, aunque luego cambió de opinión.
En 1967, la administración del presidente Lyndon Johnson concluyó que Noriega era un activo invaluable al considerarlo una estrella en ascenso dentro del ejército panameño. En mayo de 1968, Panamá celebró nuevamente elecciones presidenciales, las cuales fueron ganadas por Arnulfo Arias Madrid, quien sentía un enorme desprecio por los militares.
El 1 de octubre, Arnulfo tomó posesión como presidente. La tensión entre Arias y la Guardia Nacional alcanzó su punto de ebullición cuando el día 10 el nuevo presidente inició una purga de altos oficiales. Esta medida, vista como una provocación por muchos en las filas militares, precipitó un golpe de Estado.
Liderados por Omar Torrijos y Boris Martínez, los conspiradores tomaron el poder el 11 de octubre de 1968, poniendo fin a la efímera presidencia de Arias y marcando el inicio de la dictadura militar en Panamá.
Tras el éxito del golpe, se desató una lucha interna por el poder, principalmente entre Torrijos y Martínez. En febrero de 1969, los seguidores de Torrijos capturaron a Martínez y lo exiliaron a Miami, consolidando así su poder sobre Panamá.
A mediados de diciembre de 1969, Torrijos realizó un viaje a México, el cual fue aprovechado por un grupo de militares opositores para intentar darle un golpe de Estado. Sin embargo, gracias a la lealtad demostrada por Noriega, quien para entonces era jefe militar de la provincia de Chiriquí, Torrijos pudo regresar al país de manera segura.
Este apoyo reforzó significativamente su posición ante Torrijos, quien lo ascendió a capitán un mes después del fallido golpe de Estado. En agosto de 1970, fue promovido a teniente coronel y nombrado jefe de inteligencia militar.
Noriega demostró ser un jefe de inteligencia muy hábil. Mandó a exiliar a unas 1,300 personas que consideraba una amenaza para la dictadura torrijista. También conservó archivos de varios funcionarios del ejército, el gobierno y el poder judicial, lo que le permitió utilizar el chantaje, la intimidación y el acoso como herramientas efectivas para mantener el control.
Desde las sombras, pasó a ser el brazo ejecutor del régimen militar, llegando a ser descrito como el “gánster de Torrijos”, el responsable de ejecutar el trabajo sucio. Por ejemplo, las desapariciones del padre Héctor Gallego en 1971 y de la estudiante Rita Wald en 1976, alimentaron los numerosos rumores que lo vinculaban con prácticas represivas.
La relación de Noriega con los servicios de inteligencia de Estados Unidos empezó en esta misma época. La Agencia Central de Inteligencia, o CIA, lo incluyó en su nómina en 1971, mientras ocupaba su puesto como jefe de inteligencia panameña. A la vez, surgieron los primeros reportes de funcionarios estadounidenses sobre su posible implicación en el tráfico de narcóticos, pero el asunto no tuvo mayores repercusiones y fue ignorado.
Noriega proporcionó valiosa información a la CIA sobre actividades subversivas y movimientos políticos en la región centroamericana. Sorprendentemente, la agencia estadounidense sabía que él vendía información sobre Estados Unidos a la Cuba de Fidel Castro.
El futuro dictador aprovechó su posición dentro de la CIA para llevar a cabo estas actividades que, lejos de servir a los objetivos estadounidenses, beneficiaron exclusivamente sus propios intereses.
Durante las negociaciones de los tratados canaleros en 1977 y su subsiguiente ratificación en 1978, sus operaciones relacionadas con el tráfico de drogas volvieron a llamar la atención de los norteamericanos. Sin embargo, estas preocupaciones fueron minimizadas por la CIA, quienes consideraron que era prioritario asegurar la aprobación del tratado por el Senado de Estados Unidos.
El contrabando de armas era otra actividad que le dejaba grandes réditos a Noriega. En 1979, durante la revolución nicaragüense contra Anastasio Somoza, Noriega, con el apoyo inicial de Omar Torrijos, respaldó a los sandinistas.
Facilitó el envío de armas a Nicaragua tanto de origen cubano como estadounidense. Aun cuando Estados Unidos descubrió estas actividades, no tomó medidas legales contra Noriega para no perjudicar sus relaciones con Panamá, que estaban en un buen momento.
Tras la caída de Somoza en julio de 1979, Noriega continuó contrabandeando armas a las guerrillas de izquierda en El Salvador, aunque enfrentó reprimendas de Torrijos tras la captura de un cargamento. Empero, el contrabando no se detuvo completamente.
El 31 de julio de 1981, marcó un antes y un después en la vida de Manuel Antonio. El general Torrijos murió en un accidente aéreo en las montañas de Coclesito. La investigación oficial declaró que se trató de un accidente, aunque existen teorías conspirativas que afirman que Noriega pudo haber tenido un papel en el accidente, ya que supo llenar rápidamente el vacío de poder dejado tras la muerte de quien había sido su mentor.
El coronel Florencio Flores Aguilar ocupó el lugar de Torrijos de comandante en jefe de la Guardia Nacional, pero el verdadero poder estaba en manos del trío formado por Manuel Antonio Noriega, Roberto Díaz Herrera y Rubén Darío Paredes. Flores fue destituido en marzo de 1982.
Tras un acuerdo general, Rubén Darío Paredes asumió el cargo de general de la institución castrense. Se acordó que posteriormente los militares, bajo el mando de Noriega, colaborarían para asegurar la elección de Paredes como presidente en las elecciones presidenciales de mayo de 1984.
Cumpliendo con el acuerdo previo, Paredes entregó su puesto a Noriega el 12 de agosto de 1983, con el entendimiento de que se le permitiría presentarse como candidato a la presidencia. Sin embargo, Noriega incumplió el acuerdo con Paredes al preferir a un civil con buena imagen en el extranjero como candidato, en lugar de un general retirado. Ahora Noriega era el líder de facto de Panamá.
Una de sus primeras acciones fue reformar la Guardia Nacional, renombrándola a Fuerzas de Defensa de Panamá, y con la ayuda financiera de Estados Unidos, la amplió y modernizó. Para Noriega, los planes de Torrijos eran contradictorios, ya que él prometió en 1978 que Panamá se encarrilaría hacia la democratización.
Al tener el país el compromiso de avanzar hacia la democracia, percibió la necesidad de un plan alternativo; así, al llegar las elecciones de 1984, estaba más que decidido a mantenerse en el poder. El personaje elegido por el régimen militar fue el economista Nicolás Ardito Barletta, candidato del Partido Revolucionario Democrático, partido afiliado a Noriega.
Cuando los resultados iniciales indicaron que Arnulfo Arias Madrid, el octogenario candidato de la oposición, iba a ganar por un amplio margen, Noriega detuvo el recuento y manipuló los resultados, anunciando la victoria de Barletta.
Esto provocó protestas y disturbios en el país, que, como era de esperar, fueron reprimidos por el régimen militar. Con todo y las evidentes irregularidades y el descontento popular, los Estados Unidos aceptó la victoria de Barletta y decidió cooperar con él.
Entre 1981 y 1987, la relación entre Noriega y Estados Unidos se consolidó, impulsada por los intereses de seguridad estadounidenses, los cuales Noriega aprovechó para obtener apoyo. Los conflictos en Nicaragua y El Salvador llevaron a la administración de Reagan a buscar aliados en la región, incluyendo a Panamá. Noriega desempeñó un papel clave al facilitar el apoyo estadounidense, como fondos y armas, a los rebeldes de la Contra en Nicaragua.
La alianza de Tío Sam con el dictador panameño no impidió que este último mantuviera relaciones cercanas con algunos de los principales adversarios de Estados Unidos, como Cuba, Libia y Nicaragua. En el caso de Cuba, Noriega permitió que Fidel Castro importara equipos desde Panamá que estaban prohibidos por el embargo estadounidense.
La primera mitad de la década de 1980 también vio la intensificación de Noriega en el narcotráfico, llegando a su apogeo en 1984. Este crecimiento fue impulsado por los conflictos en varios países latinoamericanos, lo que llevó a la creación de redes encubiertas para el transporte de cocaína hacia Estados Unidos.
Noriega se alió con el Cartel de Medellín, liderado por Pablo Escobar y los hermanos Ochoa, recibiendo sobornos y comisiones millonarias a cambio de facilitar el tráfico y el lavado de dinero.
Todas las actividades ilícitas del dictador eran conocidas por el médico guerrillero Hugo Spadafora, quien anteriormente era un aliado de Torrijos. Spadafora, sin ser miembro de la oposición, se atrevió a criticar abiertamente a Noriega, acusándolo de tener conexiones con el narcotráfico.
A principios de septiembre de 1985, Hugo estaba listo para revelar las pruebas de los crímenes de Noriega relacionados con su red de tráfico de armas y drogas. No obstante, el 13 de septiembre, Spadafora es asesinado y su cuerpo encontrado en territorio costarricense a poca distancia de la frontera con Panamá.
El crimen no solo afectó la imagen de Noriega, sino que también puso en entredicho a las Fuerzas de Defensa. Las sospechas y acusaciones en su contra fueron inevitables tanto a nivel nacional como internacional.
El asesinato de Hugo Spadafora llevó a Estados Unidos a comenzar a percibir a Noriega como un obstáculo, pese a haber apoyado las intervenciones estadounidenses en Centroamérica.
En 1986, el New York Times publicó un artículo en primera plana que expuso la participación de Noriega en el narcotráfico, el lavado de dinero y otras actividades ilegales. El artículo provocó una indignación generalizada y aumentó la presión para que el general abandonara su cargo.
Junio de 1987 marcó el inicio del derrumbe del régimen de Noriega. El 1 de junio, el coronel Roberto Díaz Herrera fue obligado a jubilarse después de 25 años de servicio a la institución armada.
Su retiro se debió a que Noriega incumplió un pacto de 1982, en el que se comprometía a cederle el mando de las Fuerzas de Defensa en julio de 1987. Al igual que hizo con Rubén Darío Paredes unos años antes, Noriega faltó a su palabra, lo que generó frustración y resentimiento en Díaz Herrera.
Pero el coronel retirado no se quedó quieto. Tomó represalias el 6 de junio, haciendo declaraciones públicas acusando a Noriega de manipular las elecciones de 1984, de mandar a asesinar a Spadafora y de ser partícipe en otros casos de corrupción.
Las confesiones de Díaz Herrera provocaron las mayores protestas que haya visto Panamá hasta ese momento. Noriega, ahora apodado por sus opositores como “cara de piña”, respondió con una fuerte represión, declarando el estado de emergencia y suspendiendo las garantías constitucionales.
La relación entre Noriega y Estados Unidos se deterioró aún más después de que el senado estadounidense aprobara una resolución exigiendo su dimisión. En respuesta, Noriega organizó una protesta frente a la embajada estadounidense, que rápidamente se tornó violenta. Como resultado, Estados Unidos suspendió la ayuda militar a Panamá y la CIA dejó de pagarle a Noriega. El resto de 1987 se caracterizó por el aumento de las protestas contra la dictadura militar, la intensificación de la represión y el exilio de opositores.
El clima político se volvió aún más tenso cuando, en febrero de 1988, el dictador fue acusado por los grandes jurados federales de Estados Unidos de cargos por tráfico de drogas. Al mes siguiente, un grupo de militares intentó derrocar a Noriega, pero el golpe, mal planificado, fue sofocado a las pocas horas.
En respuesta a los crecientes desafíos internos, Noriega creó los Batallones de la Dignidad en abril de 1988, unidades paramilitares diseñadas para reforzar las Fuerzas de Defensa de Panamá y suprimir cualquier oposición política interna.
En mayo de 1989, Panamá celebró elecciones presidenciales en las que Guillermo Endara, candidato de la oposición, encabezó la coalición de oposición contra el candidato norieguista, Carlos Duque. A pesar de que observadores internacionales indicaron que Endara había ganado, la dictadura ordenó anular la elección, alegando que la interferencia extranjera de Estados Unidos había intervenido en los resultados.
La decisión de Noriega de anular los resultados electorales exacerbó aún más la crisis política en Panamá, lo que condujo a otro intento de golpe de Estado en su contra el 3 de octubre de 1989. Varios oficiales subalternos, encabezados por Moisés Giroldi, se alzaron contra Noriega, pero la rebelión fue aplastada por fuerzas leales al régimen.
A diferencia de los participantes en el fallido golpe de marzo de 1988, quienes terminaron encarcelados, los oficiales que se unieron a Giroldi, incluido el mismo Giroldi, fueron ejecutados en lo que hoy se conoce como la masacre de Albrook.
Pese a haber sufrido dos intentos de ser derrocado, el narcodictador se mantuvo en el poder. El 15 de diciembre, con el apoyo de una asamblea nacional sometida a sus designios, fue nombrado jefe del Gabinete de Guerra y declaró a Panamá en estado de guerra contra los norteamericanos.
Al día siguiente, un marine estadounidense falleció en un confuso incidente armado cerca del cuartel de las Fuerzas de Defensa, lo que sirvió de pretexto para que el presidente George Bush ordenara invadir Panamá el 20 de diciembre. El enorme despliegue militar invasor no impidió que Noriega huyera y buscara asilo en la Nunciatura Apostólica, la embajada del vaticano en el país.
Después de diez días refugiado en la residencia del nuncio papal, Manuel Antonio Noriega se entregó el 3 de enero de 1990. Fue detenido como prisionero de guerra y trasladado a Miami, Estados Unidos, donde enfrentó un juicio por cargos de narcotráfico, lavado de dinero y crimen organizado.
En abril de 1992, fue declarado culpable de ocho de los diez cargos formulados, y el 10 de julio del mismo año fue condenado a 40 años de prisión. Durante su encarcelamiento, Manuel Noriega experimentó una conversión al cristianismo evangélico en mayo de 1990, siendo bautizado en octubre de 1992.
El juez redujo la pena de prisión de Noriega de 40 a 30 años, y luego a 17 años por buena conducta. Su sentencia en Estados Unidos terminó en septiembre de 2007, aunque su encarcelamiento terminó siendo extendido mientras se juzgaban las solicitudes de extradición de Francia y Panamá.
En 2010, fue extraditado a Francia, donde enfrentó cargos relacionados con el lavado de dinero. Fue condenado a siete años de prisión, y tras cumplir parte de su condena, fue trasladado a Panamá en diciembre de 2011 y encarcelado en la cárcel El Renacer.
Noriega fue juzgado en ausencia en Panamá por diversos crímenes cometidos en su periodo como dictador, incluyendo el asesinato de Hugo Spadafora y los fallecidos en la masacre de Albrook.
Durante su tiempo en prisión, su salud se deterioró notablemente, siendo diagnosticado en marzo de 2012 con un tumor cerebral benigno. Esto llevó a sus abogados a solicitar en varias ocasiones el arresto domiciliario debido a su avanzada edad, petición que finalmente fue concedida en enero de 2017.
Tras una operación cerebral en el mes de marzo, Manuel Antonio Noriega fallece a los 83 años de edad el 29 de mayo de 2017. Murió llevándose a la tumba muchos secretos, y la complejidad de su figura sigue siendo estudiada y discutida.
A lo largo de su vida, Noriega encarnó la dualidad que marcó la historia de Panamá y Centroamérica. De aliado estratégico de Estados Unidos a convertirse en su objetivo principal, su vida pública revela las intrigas de la política internacional. Su caída simbolizó el inicio de la democratización en Panamá, un proceso que, a pesar de sus logros, aún no logra sanar por completo las heridas del pasado.








